miércoles, 6 de mayo de 2009

Libro electrónico y mercados acelerados


El principal dolor de cabeza de todo empresario editorial no es encontrar títulos rentables o autores que vendan; ni los elevados porcentajes de intermediación de las grandes cadenas comercializadoras; o la inexistencia de librerías en poblaciones con más de 50 mil habitantes, en las que se supone debería existir un mercado básico para la venta de libros. Tampoco es la falta de profesionales del lenguaje y la edición; ni los espacios publicitarios que, gracias a Internet, se han abarato en forma asintótica. No. Su principal dolor de cabeza son los inventarios.

Una alternativa es la impresión sobre demanda (POD, Print on Demand), que ofrecen empresas como Solar Editores en México. Mas la opción ideal desde el punto de vista de la rentabilidad y de los requerimientos físicos y logísticos, es el libro electrónico, que permite cumplir la máxima de que el mejor inventario es aquél que no se necesita. ¿Qué editor no desea ofertar su producto en todo el mundo sin que la mercancía tenga que pasar por las bodegas o por la costosa cadena de distribución?

Estando así las cosas, podemos pensar que la principal fuerza que comienza a desplazar al papel como soporte material del libro, es de carácter económico, y no tecnológico ni cultural. Tiene que ver con la rentabilidad en un contexto de globalización y urgencia por vender.

Quizás para entender las fuerzas históricas que vienen impulsando al libro electrónico (al documento electrónico en general) conviene remitirse a Reinhart Koselleck, que en su investigación sobre la experiencia del tiempo en la modernidad (Futuro pasado: Para una semántica de los tiempos históricos, Ed. Paidós), mostró cómo las sociedades modernas se “futurizaron” a costa del pasado, desvalorizándolo. Hoy tiene más valor el futuro luminoso que el pasado ominoso; y lo que está sucediendo, el presente, caduca al instante.

El capitalismo en su vertiente norteamericana es el gran acelerador de la historia: el que define la lógica de la hipercaducidad. ¿Qué le espera al libro y a toda mercancía que transita por mercados acelerados? ¿Qué hacer con los inventarios si lo que más desea un empresario editorial es no tenerlos? El archivo digital es la solución para el editor que aspira a sobrevivir dentro de esta lógica de hiperactividad.

Los verdaderos editores aman el papel, pero una dinámica a veces superior a sus fuerzas los comienza a llevar por otro lado.

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