jueves, 27 de agosto de 2009

El concepto de tabularidad y la transición de la página a la pantalla

Probablemente Christian Vandendorpe fue el primero en llamar la atención sobre un concepto que, desde mi punto de vista, resulta fundamental para asimilar la transición de la página a la pantalla: la tabularidad del texto.

Vandendorpe es especialista en semiótica cognitiva y en teoría del hipertexto, lo que le ha permitido ofrecer un enfoque original sobre las mutaciones del texto y la lectura en el ámbito de Internet y el ascenso de la imagen. Justamente, el concepto de tabularidad, como alternativo al de linealidad, ofrece una base teórica y operacional a los editores de cierta categoría de libros (de divulgación, por ejemplo), de diarios, revistas y de páginas web.

Al ser una construcción evolucionada que surge de la palabra escrita, es natural que el libro se haya concebido como una unidad lineal, dotada de un principio y un fin. Pero con el advenimiento de las tecnologías informáticas y la posibilidad de interconectar textos diferentes en el mismo espacio o ambiente de lectura, ésta se tornó multidireccional, y con ello se abrió la posibilidad a las narrativas no lineales.

Los posteriores desarrollos tecnológicos en el ámbito de la imagen, la animación y el video, abrieron la puerta al discurso multimediático, con nuevos elementos de contenido, que sumados a la madurez de Internet hicieron posible el discurso hipermediático. Toda una red de vinculaciones y de medios articulados en un discurso unificado o en muchos discursos, tantos como el metalector quiera seguir.

La rápida transición del texto al hipertexto, del hipertexto a la multimedia y de la multimedia a la hipermedia, ha planteado finalmente la cuestión de cómo transitar de la página a la pantalla y cómo asimilar los nuevos paradigmas de “lectura”. Y es aquí donde encaja el concepto de tabularidad.

Para Vandendorpe la tabularidad es un desarrollo surgido de las normas de legibilidad, elaboradas con el correr de los siglos para ofrecer regularidad a la masa textual. Y es con el advenimiento de la imprenta cuando la presentación del texto es llevada a su perfección mecánica, garantizando la precisión, la justificación y la regularidad en el espaciamiento entre letras y líneas. Pero no con fines ornamentales, sino para facilitar el acto de la lectura.

De este modo, el texto tabularizado contemporáneo (en color y asociado a imágenes y viñetas), ya sea en medios impresos o en pantalla, tiene su antecedente histórico en el juego complejo de normas de legibilidad que ofrecen la máxima eficacia al texto. Y claro, éstas normas no surgieron de una autoridad, sino de las prácticas y de las diversas instancias participantes en la producción del texto a lo largo de los siglos (autores, cajistas, impresores, editores, correctores de pruebas).

Desde este punto de vista, podemos afirmar que al estar asociada la tabularidad con la legibilidad, los editores disponemos de una categoría teórica y operacional lo suficientemente robusta para servirnos de guía en la transición de la página a la pantalla; no importa si nuestro discurso editorial está compuesto solamente de texto o si incluye contenidos gráficos, fijos o animados. Y si además tenemos en cuenta que la pantalla es un marco regulador de los contenidos, como la página lo es para los documentos impresos, disponemos ya de las herramientas fundamentales para construir una unidad estable en su interior aunque sea inestable al exterior, como es el discurso hipermediático.

El libro en el que Christian Vandendorpe expone sus análisis sobre el concepto de tabularidad, es: Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto y la lectura, Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2003. Su versión original en francés se puede descargar gratuitamente en la entrada del autor del sitio de la Universidad de Ottawa, donde él enseña.