En toda empresa editorial hay una instancia en torno a la cual giran muchas actividades y se organiza el flujo de trabajo del cuerpo de editores: el autor.Sin embargo, hay un tipo de publicaciones en las que el autor no necesariamente ocupa el mismo estatuto de centralidad que, inevitablemente, tiene en los proyectos editoriales de carácter literario, ensayístico o analítico: me refiero a las ediciones orientadas a la capacitación y a la divulgación técnica, así como a los libros de texto. Estas publicaciones a menudo carecen de un autor específico, y son realizadas por grupos de trabajo multidisciplinarios; además, suelen incluir un contenido gráfico importante y un diseño tabularizado.
Pero por alguna razón que desconozco, esta clase de ediciones pasa casi inadvertida en los foros y en las escasas publicaciones para editores; tal vez porque carecen del prestigio que otorga el quehacer literario, el ensayo o el análisis sociopolítico, que son las materias soñadas por muchos editores, sobre todo entre quienes aspiran a fundar una editorial independiente. Pero si tomamos en cuenta que, según un estudio de la Cámara Nacional de la Industrial Editorial Mexicana, entre 1999 y 2005 el número de títulos de libros de ciencia y técnica constituyeron el 50% del total de los títulos publicados, y los de texto el 8%, ya no estamos hablando de una actividad despreciable como fuente de trabajo y especialización (1).
Aunque tal vez otra razón por la que se habla poco de estas ediciones, es que hay menos editoriales que dominan el proceso completo de la edición de libros basados en equipos multidisciplinarios, que editoriales orientadas a títulos basados en el trabajo solitario e individualizado. Y es obvio, pues un libro de ese tipo, tanto por el mercado al que va dirigido, como por la inversión y la complejidad de la organización laboral, no lo puede encarar una editorial independiente. Sólo las medianas y las grandes compañías pueden lidiar con proyectos de esa magnitud.
No obstante, en los más de 20 años que llevo dedicado al desarrollo de estas publicaciones, he aprendido que se puede trabajar con pocos recursos, y que una pequeña empresa puede realizar proyectos complejos siempre que disponga de:
- Un grupo de trabajo pequeño y bien cohesionado, para dirigir y ocupar el lugar central del proyecto. La mayoría de los especialistas deben ser externos, para poder beneficiarse de diferentes experiencias y niveles de conocimiento. La cuestión está en cómo trasladar e integrar ese conocimiento externo en una edición específica.
- Un plan coherente y minucioso del proyecto, sobre todo de los contenidos.
- Un aparato metodológico consistente en formatos de control, formularios para entrevistas, dummies y cronogramas realistas.
- El apoyo de un despacho de diseño gráfico con amplia experiencia en maquetación, captura y tratamiento de imágenes.
En la siguiente imagen se especifican los grandes rasgos de la organización por círculos concéntricos. Se muestran solamente los aspectos del desarrollo editorial en sí, y no se incluye la participación obvia de otros especialistas, como redactores y pedagogos.

He comprobado también que el éxito de estos proyectos dependen más de una buena gestión (del tipo coach) que de la autoridad del coordinador o director; y que es fundamental que los miembros del grupo provengan de diferentes especialidades, para evitar conflictos y beneficiarse de las complementariedades.
Igualmente he aprendido que los directores de proyecto no necesariamente deben ser personas eruditas o muy experimentadas, pero sí contar con carisma, organización y liderazgo. Ser eficaces y eficientes es la clave, pero en un contexto de amplia apertura, tolerancia, respeto y honestidad. Aquí la rigidez "militar" es destructiva.
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(1) Estudio sectorial para elevar la competitividad y el desarrollo sustentable de la industria editorial mexicana. FUNTEC, Secretaría de Economía y CANIEM, 2007, versión ejecutiva, p. 5.
